Barcelona, 9 de Mayo del 2005. Cacho —detective privado, 30 años— se dirige como cada mañana a su despacho mientras una extraña atmósfera lo impregna todo; como si alguien hubiese derramado por el aire una misteriosa mezcla de Canción triste de Hill Street y Agua del Carmen, de almendras garrapiñadas y de whisky barato; como una burda sensación de fracaso en el estómago, de dolor de pies, de haber perdido el rumbo; como esa maldita soledad que se te clava como un puñal por la espalda.
Corre muchacho, ¿no ves que debes resolver la misteriosa desaparición de Juan Ramón Jiménez? Corre muchacho, porque H.P. Ras te quiere mal. Corre muchacho, antes de que Los Caballeros del Alba Gris consigan contactar con el inframundo.
Corre muchacho ya, no te detengas más.

«Sólo el primer párrafo debería estar cincelado en bronce en todas las escuelas y talleres de escritura»
Carlos Puyol, editor

«Destacan la rapidez, el sentido del humor, la capacidad para encontrar una variación diferente a un género ya muy transitado»
Enrique Murillo, editor