Por qué hago teatro

Todavía recuerdo la primera vez que me presenté a las pruebas de acceso al Institut del Teatre, en la calle Sant Pere Més Baix de Barcelona. Quería ser actor. En la entrevista personal me atendió el dramaturgo y director Jaume Melendres. Yo entonces era sólo un chico incauto que tenía muchas ganas de aprender.  
Recuerdo que me presenté a la cita, alegremente, vestido con una camiseta de Franz Kafka que mi hermano me había traído de Praga. Sólo entrar Melendres me miró con cara de asesino y me dijo que qué libros de Kafka había leído. Le dije que La Metamorfosis y los Diarios. Me contestó que no era suficiente, que debía leerlos todos si quería llevar esa camiseta. Luego me preguntó que por qué quería ser actor. Sinceramente no recuerdo mi respuesta. Lo que si recuerdo es lo que pasó a continuación. Me dijo “Te has dado cuenta, Artur, de que no hay nadie en el mundo que quiera que seas actor?” Yo balbuceé otra respuesta absurda, él hizo una pausa, me miró penetrantemente y me repitió su pregunta. “¿Te has dado cuenta de que no hay nadie en el mundo que quiera que seas actor? Más vale que lo desees de verdad, porque no va a ser fácil”.
En ese momento pensé que era un cabrón que quería desanimarme. Con el tiempo he comprendido. De hecho, quizás es la única  persona que ha tenido el valor de mirarme a la cara y disparar a bocajarro. A veces es necesario. Ahora, cada vez que firmo un contrato de monitor porque el de artista les sale “caro”, cada vez que no me pagan o me pagan tarde, cada vez que alguien me comenta “¿Dices que vienes de trabajar? ¡Pero si lo vuestro no es un trabajo! Ya te lo cambiaba yo por mis ocho horas en la oficina”, cada vez que no sale nada, cada vez que me dicen que no; me acuerdo de Melendres. No puedo quejarme, él ya me lo advirtió; el mundo esta lleno de hijos de la gran puta.
Entonces,  ¿por qué hago teatro?, ¿por qué sigo luchando? La única respuesta que puedo dar es que, a veces, cuando estoy trabajando, se producen momentos que lo justifican todo. Son momentos breves, fugaces, fiu fiu, pero en los que todo encaja. Puede ser en un gran escenario o en la fiesta de unos amigos, da igual. En esos momentos me siento un privilegiado.
Ya veis, no soy nadie para dar consejos, sólo un actorcillo que muy de vez en cuando consigue noquear al respetable con sus palabras y sus gestos. Aún así, si alguna vez os encontráis perdidos, hay un texto que a mi me pone las pilas. Es una especie de indicación de como estar en un escenario, o en la vida. Espero que os guste.
Por cierto, nunca más volví a ponerme la camiseta de Franz Kafka.


Hallarás la intensidad y la totalidad de tu presencia sobre el escenario
si guardas en tu interior, apacible y siempre presente,
la posibilidad de dejar el teatro.

Acepta acabar.

Que la valoración de tu propia imagen no sea la moneda
de cambio de tu comercio con los demás.

Vacíate de ti mismo.
No temas agotarte. Vete hasta el límite de tus fuerzas.
Recibe y da.
Todo.
Vuélvete transparente.

Que tu diminuta historia personal no impida
que la gran historia de tu personaje te atraviese.

Cuando actúes, escucha.
Cuando escuches, actúa.
No te pares a pensar.
No te ciegues para actuar.

Inspira y expira a la vez.

Al actuar, busca el goce. Sin él, nada es válido.
Sobre las tablas, compórtate como un enamorado.

En tu propia vida, toma el relevo de lo que vives en el teatro.

Transfórmate.


Artur R.

1 comentario:

  1. Em sembla una preciositat. I em sembla que me'l penjaré a la paret. Gràcies mils!

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